EL SAINT PAULI FC
Es un club de fútbol bien particular: está celebrando 100 años,( MAYO 1910) es antifascista, antisexista, antirracista Y ANTIHOMOFOBICO y despierta pasión hasta en las prostitutas, que le donaron ganancias de un fin de semana.
Al Saint Pauli, el centenario club del puerto de Hamburgo, también se lo conoce con dos sobrenombres: "el equipo de los Piratas" y "el burdel de la Liga".
El primer apelativo se refiere a su bandera que, a partir de los años ochenta, adoptó de manera oficial la calavera cruzada por dos huesos -emblema de piratas, anarquistas y roqueros-, que, según sus hinchas, simboliza una abierta oposición al sistema capitalista. No por nada su himno es un clásico del rock: Hells Bells. CON EL QUE ABRE CADA PARTIDO y después de cada gol del St. Pauli, la Song 2 (Canción 2) de Blur.
El otro mote, un poco más sugestivo, alude como primera medida a la ubicación de su cancha, en pleno 'barrio rojo', donde a lo largo y ancho de la famosa calle Reeperbahn cientos de prostitutas satisfacen el 'gustico' de marinos y turistas. Y en segunda medida, tal como lo recuerda Andrés Salcedo, por más de 20 años locutor de la Deutsche Welle, "porque en el año 79, las putas donaron las ganancias de un fin de semana para salvar al club de la quiebra".
Sin embargo, más allá de las anécdotas denominativas, este aguerrido club, que acaba de cumplir 100 años, que en julio pasado retornó a la Bundesliga, que con tanto énfasis representa el fulgor de uno de los barrios más parranderos de Europa -donde, por cierto, despegó la carrera de los Beatles-, es sencillamente un equipo de culto. Más allá de la pelota, F.C. St. Pauli representa un contundente puñado de ideas de avanzada. Un fenómeno Kult.
No existe un equipo de fútbol que despierte más pasiones en Alemania que este. Todo empezó a mediados de 1910 cuando, oficialmente, el club debutó en la Kreisliga Groß-Hamburgo -por entonces, el único torneo de la ciudad-, donde poco o nada se destacó, más allá de ser el extrovertido conjunto del puerto.
Más adelante, en 1933, la fábula en torno de sus amplios ideales se abrió paso cuando las directivas, en pleno florecimiento del Tercer Reich, decidieron acoger a los jugadores judíos a los que desechaban otros equipos. Desde entonces, un manto socialista cubrió el esqueleto del 'Pirata'.
Pésimas campañas deportivas marcaron el rumbo de las décadas de los 30 y 40 -a excepción de 1948 cuando alcanzaron a participar en la Liga nacional-, asunto que se repitió en los años 50, 60, 70 y 80 cuando todo fue un largo y penoso recorrido por las diferentes divisiones del fútbol alemán, incluida la Amateur-Oberliga-Nord, la más pobre de todas.
Las noticias, en realidad, provenían de otras fuentes, casi todas alejadas de los logros deportivos. En el año 75, por ejemplo, su estadio cambió su nombre -que era el del ex presidente del club Wilhelm Koch-, gracias a que se descubrió que aquel personaje había pertenecido al Partido Nazi. Entonces la cancha volvió a llamarse Millerntor.
El 17 de agosto de 1990 se hizo famoso como el día más glorioso del club gracias a que, por única vez en su historia, alcanzó el primer puesto de la Bundesliga, evento que literalmente quedó grabado en la fanaticada gracias a que varios hinchas se tatuaron en el brazo la tabla de posiciones en la que el St. Pauli punteó.
En la temporada 2002-03, el equipo cayó una vez más en desgracia y se fue a la tercera división (la Regionalliga Nord). La crisis económica fue tan grave que, si el club no lograba pagar una deuda de 1,95 millones de euros -dinero que debía recolectar en tres meses-, volvería a bajar la Amateur-Oberliga-Nord. Fue así como directivos, con el apoyo incondicional de los hinchas, hicieron una campaña llamada "Salvar al St. Pauli", en la que lograron vender más de 140.000 Retter T-shirts o camisetas salvadoras, de la misma manera como montaron dos operaciones etílico-económicas de la mano de la cerveza Astra: una se llamaba Astra trinken - St. Pauli retten (tome Astra, salve al St. Pauli), con la cual, por cada canasta en el supermercado, 1 euro iba para el equipo; y la otra, con los bares del barrio, con la que recaudaron medio euro por cada cerveza servida. Así, a punta de garganta, salvaron la categoría.
El mito
Pero fue en los años 1984 y 85, cuando era evidente el renacimiento del nazismo en el seno de las barras del fútbol alemán, cuando los hinchas y directivos decidieron declararse un club antifascista, antisexista y antirracista, temas prioritarios que incluyeron como cláusulas de sus estatutos. Así nació el mito.
Desde entonces, la camiseta de la tienda oficial del club reza: "Ama al St. Pauli, odia el racismo". De la misma manera, por cuenta del inteligente gesto de proclamarse un club antisexista, Saint Pauli es hoy el equipo con mayor número de seguidoras en Alemania.
Tan fuerte es su posición frente el tema que, en 2002, una valla de la revista de hombres Maxim fue retirada de su estadio por cuenta de las protestas de los hinchas que alegaron "promover una imagen equívoca de la mujer".
Hoy, sus directivos se enorgullecen en decir que es el club alemán con más hinchas del país, gracias a que 11 millones de alemanes declararon en reciente encuesta ser simpatizantes del F.C. St. Pauli
. Lo cierto es que, en su última visita en tercera, su estadio promedió 15.000 espectadores por partido, cuando la media de la división era de 400 aficionados. Ahora, en la máxima categoría, su promedio registra 22.000 asistentes.
Otra facción reluciente del club, que año tras año seduce a más y más adeptos, es su marcado romance con el rock. Por un lado, 'el Pirata' es seguido masivamente por grupos musicales alternativos del planeta entero, entre ellos: Bad Religion, Asian Dub Foundation y Turbonegro. Por otro, es regla que el equipo abra sus partidos con la canción Hells Bells de AC/DC -su himno- y, después de cada gol, con Song 2 de Blur.
Es tan particular este club que, para subrayar su compromiso con la tolerancia, entregó las riendas de la empresa a Corny Littman -su presidente por siete años, hoy gerente-, un simpático director de teatro abiertamente homosexual. De este personaje, casado con un tenor tunecino, se hizo famosa una frase: "Mi club demuestra que se puede ser gay y viril al mismo tiempo".
En mayo de este año, por cuenta de una campaña matizada por una serie de partidos heroicos, correspondientes a la temporada 2009-10, el St. Pauli terminó en segundo lugar de la serie 2 de la liga alemana, lo cual le permitió, en julio, ascender a la Bundesliga. Ese fue el mejor regalo a la hora de celebrar 100 años de vida.
La otra manera de festejarlos no podía ser menor a su prestigio. Su nueva patrocinadora, la empresa de artículos eróticos Orion, decidió lanzar en el barrio rojo 20.000 condones con el escudo del club. Y eso, por contraproducente que suene, sólo quiere decir: larga vida al Saint Pauli.
OTRO orgullo del club, es tener el número más grande de admiradoras en todo el fútbol alemán. En 2002, la publicidad para la revista de hombres "Maxim", fue retirada del estadio en respuesta a las protestas de hinchas, sobre las imágenes sexistas de mujeres en los anuncios.
El St. Pauli es también un símbolo mundial para el punk y subculturas relacionadas.[2] El logo no oficial y los jerseys marrones y blancos del equipo a menudo eran llevados por artistas internacionales como Asian Dub Foundation.
Turbonegro grabó una versión especial de su canción Conseguí la Erección con la letra adaptada en alemán para el St. Pauli.
Bad Religion jugó un partido de caridad contra el tercer equipo de St. Pauli en el año 2000.
Uno de los hinchas más notables es Andrew Eldritch, el líder de la banda The Sisters of Mercy. En su gira, Sisters Bite The Silver Bullet en el 2006, Eldritch llevó la famosa camisa Totenkopf.
Músicos alemanes, como: Fettes Brot, Die Ärzte, el cantante Bela B, Kettcar, Tomte y muchas otras bandas son hinchas reconocidos del St. Pauli.
Los partidos del St. Pauli en el Millerntor-Stadion tienen un promedio de asistencia mayor que cualquier otro equipo en la segunda división alemana, y a menudo superior que los de equipos de primera división. Un estudio reciente estimó que el equipo tiene aproximadamente 11 millones de admiradores en todas partes de Alemania.
Hay aproximadamente 200 clubs de fans certificados, muchos de ellos fuera de Alemania. El mayor "fanclub" fuera de Alemania y el que más ha viajado al estadio Millerntor y al barrio de St. Pauli es la Peña "El Grano" de Valladolid, la cual organizó un viaje masivo en el año 2010 con motivo del centenario del F.C. St. Pauli.
La rivalidad desarrollada entre el St. Pauli y el Hansa Rostock a principios de los años 90 debido al gran número de neonazis hinchas del "Hansa" en aquel tiempo. Como la dirección del Hansa Rostock tuvo a estos grupos bajo control y los prohibió eventualmente, y debido a que los dos equipos no jugaron en la misma liga en los últimos años, la rivalidad perdió el brillo. En la temporada del 2008/09, habrá que comprobar si en los 10 años que han pasado desde el último partido de liga entre los dos clubes, la rivalidad ha muerto por completo o si el odio surge de nuevo.
El archienemigo del club, es el Hamburgo SV, el club más grande de la ciudad de Hamburgo. Más allá del derby los partidos se han celebrado bajo vigilancia policial para mantener separadas a ambas hinchadas, ya que el HSV tiene un pequeño, pero notorio, grupo de hinchas neo-fascistas. Durante los derbies, los partidarios del del HSV ponen banderas con la palabra “HASS” (odio), o cantan el “Zecke verrecke!”, mientras que la hinchada del St. Pauli cantan a menudo como respuesta, en alusión a la escena italiana ultra-izquierdista, el “Amburgo, Amburgo: Vaffanculo!” (Hamburgo, Hamburgo: váyanse a la mierda!). Debido a que el estadio del HSV queda en las afueras de Hamburgo, muchos hinchas del St. Pauli ven a su club como el único club de fútbol “verdadero” en la ciudad.
Con este marco tan particular, casi antisistema, no es de extrañar que el pasado año se celebrara en Sankt Pauli, con el club local como anfitrión, la conocida como FIFI Wild Cup, una suerte de campeonato del mundo alternativo disputado al margen del Mundial de la FIFA de Alemania, que enfrentó a los equipos de Groenlandia, Zanzíbar, Gibraltar, Tíbet y la República Turca del Norte de Chipre, además del organizador, “vestido” para la ocasión de República de Sankt Pauli, aunque compitiendo bajo los colores y el escudo del popular club. Una muestra más de las inquietudes socio-culturales de un club que va más allá del mero deporte.
Es un club de fútbol bien particular: está celebrando 100 años,( MAYO 1910) es antifascista, antisexista, antirracista Y ANTIHOMOFOBICO y despierta pasión hasta en las prostitutas, que le donaron ganancias de un fin de semana.
Al Saint Pauli, el centenario club del puerto de Hamburgo, también se lo conoce con dos sobrenombres: "el equipo de los Piratas" y "el burdel de la Liga".
El primer apelativo se refiere a su bandera que, a partir de los años ochenta, adoptó de manera oficial la calavera cruzada por dos huesos -emblema de piratas, anarquistas y roqueros-, que, según sus hinchas, simboliza una abierta oposición al sistema capitalista. No por nada su himno es un clásico del rock: Hells Bells. CON EL QUE ABRE CADA PARTIDO y después de cada gol del St. Pauli, la Song 2 (Canción 2) de Blur.
El otro mote, un poco más sugestivo, alude como primera medida a la ubicación de su cancha, en pleno 'barrio rojo', donde a lo largo y ancho de la famosa calle Reeperbahn cientos de prostitutas satisfacen el 'gustico' de marinos y turistas. Y en segunda medida, tal como lo recuerda Andrés Salcedo, por más de 20 años locutor de la Deutsche Welle, "porque en el año 79, las putas donaron las ganancias de un fin de semana para salvar al club de la quiebra".
Sin embargo, más allá de las anécdotas denominativas, este aguerrido club, que acaba de cumplir 100 años, que en julio pasado retornó a la Bundesliga, que con tanto énfasis representa el fulgor de uno de los barrios más parranderos de Europa -donde, por cierto, despegó la carrera de los Beatles-, es sencillamente un equipo de culto. Más allá de la pelota, F.C. St. Pauli representa un contundente puñado de ideas de avanzada. Un fenómeno Kult.
No existe un equipo de fútbol que despierte más pasiones en Alemania que este. Todo empezó a mediados de 1910 cuando, oficialmente, el club debutó en la Kreisliga Groß-Hamburgo -por entonces, el único torneo de la ciudad-, donde poco o nada se destacó, más allá de ser el extrovertido conjunto del puerto.
Más adelante, en 1933, la fábula en torno de sus amplios ideales se abrió paso cuando las directivas, en pleno florecimiento del Tercer Reich, decidieron acoger a los jugadores judíos a los que desechaban otros equipos. Desde entonces, un manto socialista cubrió el esqueleto del 'Pirata'.
Pésimas campañas deportivas marcaron el rumbo de las décadas de los 30 y 40 -a excepción de 1948 cuando alcanzaron a participar en la Liga nacional-, asunto que se repitió en los años 50, 60, 70 y 80 cuando todo fue un largo y penoso recorrido por las diferentes divisiones del fútbol alemán, incluida la Amateur-Oberliga-Nord, la más pobre de todas.
Las noticias, en realidad, provenían de otras fuentes, casi todas alejadas de los logros deportivos. En el año 75, por ejemplo, su estadio cambió su nombre -que era el del ex presidente del club Wilhelm Koch-, gracias a que se descubrió que aquel personaje había pertenecido al Partido Nazi. Entonces la cancha volvió a llamarse Millerntor.
El 17 de agosto de 1990 se hizo famoso como el día más glorioso del club gracias a que, por única vez en su historia, alcanzó el primer puesto de la Bundesliga, evento que literalmente quedó grabado en la fanaticada gracias a que varios hinchas se tatuaron en el brazo la tabla de posiciones en la que el St. Pauli punteó.
En la temporada 2002-03, el equipo cayó una vez más en desgracia y se fue a la tercera división (la Regionalliga Nord). La crisis económica fue tan grave que, si el club no lograba pagar una deuda de 1,95 millones de euros -dinero que debía recolectar en tres meses-, volvería a bajar la Amateur-Oberliga-Nord. Fue así como directivos, con el apoyo incondicional de los hinchas, hicieron una campaña llamada "Salvar al St. Pauli", en la que lograron vender más de 140.000 Retter T-shirts o camisetas salvadoras, de la misma manera como montaron dos operaciones etílico-económicas de la mano de la cerveza Astra: una se llamaba Astra trinken - St. Pauli retten (tome Astra, salve al St. Pauli), con la cual, por cada canasta en el supermercado, 1 euro iba para el equipo; y la otra, con los bares del barrio, con la que recaudaron medio euro por cada cerveza servida. Así, a punta de garganta, salvaron la categoría.
El mito
Pero fue en los años 1984 y 85, cuando era evidente el renacimiento del nazismo en el seno de las barras del fútbol alemán, cuando los hinchas y directivos decidieron declararse un club antifascista, antisexista y antirracista, temas prioritarios que incluyeron como cláusulas de sus estatutos. Así nació el mito.
Desde entonces, la camiseta de la tienda oficial del club reza: "Ama al St. Pauli, odia el racismo". De la misma manera, por cuenta del inteligente gesto de proclamarse un club antisexista, Saint Pauli es hoy el equipo con mayor número de seguidoras en Alemania.
Tan fuerte es su posición frente el tema que, en 2002, una valla de la revista de hombres Maxim fue retirada de su estadio por cuenta de las protestas de los hinchas que alegaron "promover una imagen equívoca de la mujer".
Hoy, sus directivos se enorgullecen en decir que es el club alemán con más hinchas del país, gracias a que 11 millones de alemanes declararon en reciente encuesta ser simpatizantes del F.C. St. Pauli
. Lo cierto es que, en su última visita en tercera, su estadio promedió 15.000 espectadores por partido, cuando la media de la división era de 400 aficionados. Ahora, en la máxima categoría, su promedio registra 22.000 asistentes.
Otra facción reluciente del club, que año tras año seduce a más y más adeptos, es su marcado romance con el rock. Por un lado, 'el Pirata' es seguido masivamente por grupos musicales alternativos del planeta entero, entre ellos: Bad Religion, Asian Dub Foundation y Turbonegro. Por otro, es regla que el equipo abra sus partidos con la canción Hells Bells de AC/DC -su himno- y, después de cada gol, con Song 2 de Blur.
Es tan particular este club que, para subrayar su compromiso con la tolerancia, entregó las riendas de la empresa a Corny Littman -su presidente por siete años, hoy gerente-, un simpático director de teatro abiertamente homosexual. De este personaje, casado con un tenor tunecino, se hizo famosa una frase: "Mi club demuestra que se puede ser gay y viril al mismo tiempo".
En mayo de este año, por cuenta de una campaña matizada por una serie de partidos heroicos, correspondientes a la temporada 2009-10, el St. Pauli terminó en segundo lugar de la serie 2 de la liga alemana, lo cual le permitió, en julio, ascender a la Bundesliga. Ese fue el mejor regalo a la hora de celebrar 100 años de vida.
La otra manera de festejarlos no podía ser menor a su prestigio. Su nueva patrocinadora, la empresa de artículos eróticos Orion, decidió lanzar en el barrio rojo 20.000 condones con el escudo del club. Y eso, por contraproducente que suene, sólo quiere decir: larga vida al Saint Pauli.
OTRO orgullo del club, es tener el número más grande de admiradoras en todo el fútbol alemán. En 2002, la publicidad para la revista de hombres "Maxim", fue retirada del estadio en respuesta a las protestas de hinchas, sobre las imágenes sexistas de mujeres en los anuncios.
El St. Pauli es también un símbolo mundial para el punk y subculturas relacionadas.[2] El logo no oficial y los jerseys marrones y blancos del equipo a menudo eran llevados por artistas internacionales como Asian Dub Foundation.
Turbonegro grabó una versión especial de su canción Conseguí la Erección con la letra adaptada en alemán para el St. Pauli.
Bad Religion jugó un partido de caridad contra el tercer equipo de St. Pauli en el año 2000.
Uno de los hinchas más notables es Andrew Eldritch, el líder de la banda The Sisters of Mercy. En su gira, Sisters Bite The Silver Bullet en el 2006, Eldritch llevó la famosa camisa Totenkopf.
Músicos alemanes, como: Fettes Brot, Die Ärzte, el cantante Bela B, Kettcar, Tomte y muchas otras bandas son hinchas reconocidos del St. Pauli.
Los partidos del St. Pauli en el Millerntor-Stadion tienen un promedio de asistencia mayor que cualquier otro equipo en la segunda división alemana, y a menudo superior que los de equipos de primera división. Un estudio reciente estimó que el equipo tiene aproximadamente 11 millones de admiradores en todas partes de Alemania.
Hay aproximadamente 200 clubs de fans certificados, muchos de ellos fuera de Alemania. El mayor "fanclub" fuera de Alemania y el que más ha viajado al estadio Millerntor y al barrio de St. Pauli es la Peña "El Grano" de Valladolid, la cual organizó un viaje masivo en el año 2010 con motivo del centenario del F.C. St. Pauli.
La rivalidad desarrollada entre el St. Pauli y el Hansa Rostock a principios de los años 90 debido al gran número de neonazis hinchas del "Hansa" en aquel tiempo. Como la dirección del Hansa Rostock tuvo a estos grupos bajo control y los prohibió eventualmente, y debido a que los dos equipos no jugaron en la misma liga en los últimos años, la rivalidad perdió el brillo. En la temporada del 2008/09, habrá que comprobar si en los 10 años que han pasado desde el último partido de liga entre los dos clubes, la rivalidad ha muerto por completo o si el odio surge de nuevo.
El archienemigo del club, es el Hamburgo SV, el club más grande de la ciudad de Hamburgo. Más allá del derby los partidos se han celebrado bajo vigilancia policial para mantener separadas a ambas hinchadas, ya que el HSV tiene un pequeño, pero notorio, grupo de hinchas neo-fascistas. Durante los derbies, los partidarios del del HSV ponen banderas con la palabra “HASS” (odio), o cantan el “Zecke verrecke!”, mientras que la hinchada del St. Pauli cantan a menudo como respuesta, en alusión a la escena italiana ultra-izquierdista, el “Amburgo, Amburgo: Vaffanculo!” (Hamburgo, Hamburgo: váyanse a la mierda!). Debido a que el estadio del HSV queda en las afueras de Hamburgo, muchos hinchas del St. Pauli ven a su club como el único club de fútbol “verdadero” en la ciudad.
Con este marco tan particular, casi antisistema, no es de extrañar que el pasado año se celebrara en Sankt Pauli, con el club local como anfitrión, la conocida como FIFI Wild Cup, una suerte de campeonato del mundo alternativo disputado al margen del Mundial de la FIFA de Alemania, que enfrentó a los equipos de Groenlandia, Zanzíbar, Gibraltar, Tíbet y la República Turca del Norte de Chipre, además del organizador, “vestido” para la ocasión de República de Sankt Pauli, aunque compitiendo bajo los colores y el escudo del popular club. Una muestra más de las inquietudes socio-culturales de un club que va más allá del mero deporte.